La Inmaculada Concepción de María

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La Inmaculada Concepción de María

Mensaje  Antonio Javier el Vie Nov 11, 2011 4:06 am

La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción.
Como demostraremos, esta doctrina es de origen apostólico, aunque el dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su bula Ineffabilis Deus.
"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..."
(Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)
La Concepción: Es el momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica procedente de los padres. La concepción es el momento en que comienza la vida humana.
Cuando hablamos del dogma de la Inmaculada Concepción no nos referimos a la concepción de Jesús quién, claro está, también fue concebido sin pecado. El dogma declara que María quedó preservada de toda carencia de gracia santificante desde que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana. Es decir María es la "llena de gracia" desde su concepción.
La Encíclica "Fulgens corona", publicada por el Papa Pío XII en 1953 para conmemorar el centenario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, argumenta así: «Si en un momento determinado la Santísima Virgen María hubiera quedado privada de la gracia divina, por haber sido contaminada en su concepción por la mancha hereditaria del pecado, entre ella y la serpiente no habría ya -al menos durante ese periodo de tiempo, por más breve que fuera- la enemistad eterna de la que se habla desde la tradición primitiva hasta la solemne definición de la Inmaculada Concepción, sino más bien cierta servidumbre»
Fundamento Bíblico
La Biblia no menciona explícitamente el dogma de la Inmaculada Concepción, como tampoco menciona explícitamente muchas otras doctrinas que la Iglesia recibió de los Apóstoles. La palabra "Trinidad", por ejemplo, no aparece en la Biblia. Pero la Inmaculada Concepción se deduce de la Biblia cuando ésta se interpreta correctamente a la luz de la Tradición Apostólica.
El primer pasaje que contiene la promesa de la redención (Genesis 3:15) menciona a la Madre del Redentor. Es el llamado Proto-evangelium, donde Dios declara la enemistad entre la serpiente y la Mujer. Cristo, la semilla de la mujer (María) aplastará la cabeza de la serpiente. Ella será exaltada a la gracia santificante que el hombre había perdido por el pecado. Solo el hecho de que María se mantuvo en estado de gracia puede explicar que continúe la enemistad entre ella y la serpiente. El Proto-evangelium, por lo tanto, contiene una promesa directa de que vendrá un redentor. Junto a El se manifestará su obra maestra: La preservación perfecta de todo pecado de su Madre Virginal.
En Lucas 1:28 el ángel Gabriel enviado por Dios le dice a la Santísima Virgen María «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.». Las palabras en español "Llena de gracia" no hace justicia al texto griego original que es "kecharitomene" y significa una singular abundancia de gracia, un estado sobrenatural del alma en unión con Dios. Aunque este pasaje no "prueba" la Inmaculada Concepción de María ciertamente lo sugiere.
El Apocalipsis narra sobre la «mujer vestida de sol» (Ap 12,1). Ella representa la santidad de la Iglesia, que se realiza plenamente en la Santísima Virgen, en virtud de una gracia singular. Ella es toda esplendor porque no hay en ella mancha alguna de pecado. Lleva el reflejo del esplendor divino, y aparece como signo grandioso de la relación esponsal de Dios con su pueblo.
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Los Padres de la Iglesia y la Inmaculada
Los Padres se referían a la Virgen María como la Segunda Eva (cf. I Cor. 15:22), pues ella desató el nudo causado por la primera Eva.
• Justín (Dialog. cum Tryphone, 100),
• Ireneo (Contra Haereses, III, xxii, 4),
• Tertuliano (De carne Christi, xvii),
• Julius Firm cus Maternus (De errore profan. relig xxvi),
• Cyrilo of Jerusalem (Catecheses, xii, 29),
• Epiphanius (Hæres., lxxviii, 18),
• Theodotus of Ancyra (Or. in S. Deip n. 11), and
• Sedulius (Carmen paschale, II, 28).
También se refieren a la Virgen Santísima como la absolutamente pura San Agustín y otros. La iglesia Oriental ha llamado a María Santísima la "toda santa"
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En el siglo IX se introdujo en Occidente la fiesta de la Concepción de María, primero en Nápoles y luego en Inglaterra.

Hacia el año 1128, un monje de Canterbury llamado Eadmero escribe el primer tratado sobre la Inmaculada Concepción donde rechaza la objeción de San Agustín contra el privilegio de la Inmaculada Concepción, fundada en la doctrina de la transmisión del pecado original en la generación humana.
La castaña, escribe Eadmero, «es concebida, alimentada y formada bajo las espinas, pero que a pesar de eso queda al resguardo de sus pinchazos». Incluso bajo las espinas de una generación que de por sí debería transmitir el pecado original, María permaneció libre de toda mancha, por voluntad explícita de Dios que «lo pudo, evidentemente, y lo quiso. Así pues, si lo quiso, lo hizo».

Los grandes teólogos del siglo XIII presentaban las mismas dificultades de San Agustín: la redención obrada por Cristo no sería universal si la condición de pecado no fuese común a todos los seres humanos. Si María no hubiera contraído la culpa original, no hubiera podido ser rescatada. En efecto, la redención consiste en librar a quien se encuentra en estado de pecado.

El franciscano Juan Duns Escoto, al principio del siglo XIV, inspirado en algunos teólogos del siglo XII y por el mismo San Francisco (siglo XIII, devoto de la Inmaculada), brindó la clave para superar las objeciones contra la doctrina de la Inmaculada Concepción de María. El sostuvo que Cristo, el mediador perfecto, realizó precisamente en María el acto de mediación más excelso: Cristo la redimió preservándola del pecado original. Se trata una redención aún más admirable: No por liberación del pecado, sino por preservación del pecado.

Escoto preparó el camino para la definición dogmática. Dicen que su inspiración le vino al pasar por frente de una estatua de la Virgen y decirle: "Dignare me laudare te: Virgo Sacrata" (Oh Virgen sacrosanta dadme las palabras propias para hablar bien de Ti).

1. ¿A Dios le convenía que su Madre naciera sin mancha del pecado original? - Sí, a Dios le convenía que su Madre naciera sin ninguna mancha. Esto es lo más honroso, para Él.

2. ¿Dios podía hacer que su Madre naciera sin mancha de pecado original? -
Sí, Dios lo puede todo, y por tanto podía hacer que su Madre naciera sin mancha: Inmaculada.

3. ¿Lo que a Dios le conviene hacer lo hace? ¿O no lo hace? Todos respondieron: Lo que a Dios le conviene hacer, lo que Dios ve que es mejor hacerlo, lo hace.

Entonces Scotto exclamó: Luego
1. Para Dios era mejor que su Madre fuera Inmaculada: o sea sin mancha del pecado original.
2. Dios podía hacer que su Madre naciera Inmaculada: sin mancha
3. Por lo tanto: Dios hizo que María naciera sin mancha del pecado original. Porque Dios cuando sabe que algo es mejor hacerlo, lo hace.
Méritos: María es libre de pecado por los méritos de Cristo Salvador. Es por El que ella es preservada del pecado. Ella, por ser una de nuestra raza humana, aunque no tenía pecado, necesitaba salvación, que solo viene de Cristo. Pero Ella singularmente recibe por adelantado los méritos salvíficos de Cristo. La causa de este don: El poder y omnipotencia de Dios.
Razón: La maternidad divina. Dios quiso prepararse un lugar puro donde su hijo se encarnara.
Frutos:
1-María fue inmune de los movimientos de la concupiscencia. Concupiscencia: los deseos irregulares del apetito sensitivo que se dirigen al mal.
2-María estuvo inmune de todo pecado personal durante el tiempo de su vida. Esta es la grandeza de María, que siendo libre, nunca ofendió a Dios, nunca optó por nada que la manchara o que le hiciera perder la gracia que había recibido.
El dogma de la Inmaculada Concepción de María no ofusca, sino que más bien pone mejor de relieve los efectos de la gracia redentora de Cristo en la naturaleza humana. Todas las virtudes y las gracias de María Santísima las recibe de Su Hijo. La Madre de Cristo debía ser perfectamente santa desde su concepción. Ella desde el principio recibió la gracia y la fuerza para evitar el influjo del pecado y responder con todo su ser a la voluntad de Dios. A María, primera redimida por Cristo, que tuvo el privilegio de no quedar sometida ni siquiera por un instante al poder del mal y del pecado, miran los cristianos como al modelo perfecto y a la imagen de la santidad que están llamados a alcanzar, con la ayuda de la gracia del Señor, en su vida.
En torno a las ideas de Escoto se suscitó una gran controversia. Después de que el Papa Sixto IV aprobara, en 1477, la misa de la Concepción, esa doctrina fue cada vez más aceptada en las escuelas teológicas.

El Papa Sixto IV, en 1483, casi 4 siglos antes del dogma, había extendido la fiesta de la Concepción Inmaculada de María a toda la Iglesia de Occidente.
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Fue valioso también el aporte del mundo universitario. Las universidades de París, Maguncia y Colonia y, en España, la de Valencia (1530), Granada, Alcalá (1617), Salamanca (1618) y otras proclamaron a María Inmaculada como Patrona. Sus doctores, al recibir el grado, hacían voto y juramento de enseñar y defender la doctrina de la Inmaculada Concepción de María.
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La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María tiene un llamado para nosotros:
1-Nos llama a la purificación. Ser puros para que Jesús resida en nosotros.
2-Nos llama a la consagración al Corazón Inmaculado de María, lugar seguro para alcanzar conocimiento perfecto de Cristo y camino seguro para ser llenos del Espíritu Santo.
"Con la Inmaculada Concepción de María comenzó la gran obra de la Redención, que tuvo lugar con la sangre preciosa de Cristo. En Él toda persona está llamada a realizarse en plenitud hasta la perfección de la santidad" Juan Pablo II, 5-XII-2003.
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Respuesta a los argumentos contra la Inmaculada Concepción de María.
1- Argumento: La Inmaculada Concepción contradice la enseñanza de San Pablo: "todos han pecado y están lejos de la presencia salvadora de Dios" (Romanos 3:23).

Respuesta católica: Si fuéramos a tomar las palabras de San Pablo "todos han pecado" en un sentido literal absoluto, Jesús también quedaría incluido entre los pecadores. Sabemos que esta no es la intención de S. Pablo ya que después menciona que Jesús "no conoció pecado" (2Cor 5,21; Cf. Hebreos 4:15; 1 Pedro 2:22).
El dogma de la Inmaculada Concepción de María no contradice la enseñanza Paulina en Rm 3:23 sobre la realidad pecadora de la humanidad en general, la cual estaba encerrada en el pecado y lejos de Dios hasta la venida del Salvador. San Pablo enseña que Cristo nos libera del pecado y nos une a Dios (Cf. Efesios 2:5). Esta es la enseñanza del Catecismo de la Iglesia católica, el pecado original «afecta a la naturaleza humana», que se encuentra así «en un estado caído». Por eso, el pecado se transmite «por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales». Pero Jesús tiene la potestad para preservar a su Madre del pecado aplicando a ella los méritos de su redención.
San Pablo declara que, como consecuencia de la culpa de Adán, «todos pecaron» y que «el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación» (Rom 5,12.18). El paralelismo entre Adán y Cristo se completa con el de Eva y María: La mujer tuvo un papel importante en la caída y lo tiene también en la redención.
San Ireneo, Padre de la Iglesia del siglo II, presenta a María como la nueva Eva que, con su fe y su obediencia, contrapesa la incredulidad y la desobediencia de Eva. Ese papel en la economía de la salvación exige la ausencia de pecado. Era conveniente que, al igual que Cristo, nuevo Adán, también María, nueva Eva, no conociera el pecado y fuera así más apta para cooperar en la redención.

El pecado que mancha a toda la humanidad no puede entrar en el Redentor y su colaboradora. Con una diferencia sustancial: Cristo es totalmente santo en virtud de la gracia que en su humanidad brota de la persona divina; y María es totalmente santa en virtud de la gracia recibida por los méritos del Salvador. Entonces, lo que Pablo declara en forma general para toda la humanidad no incluye a Jesús y a María.
Que nuestra Señora bendiga este foro.

Antonio Javier

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María ¿Inmaculada? Ni Agustín ni los otros.

Mensaje  misp el Miér Feb 20, 2013 5:18 pm

Desde hace algún tiempo estudio mariología y he llegado a la conclusión que los padres primitivos no creyeron que María era inmaculada. Como era de esperarse parte de la mayor literatura que he leído es de la Iglesia católica.
La Biblia no menciona explícita ni implícitamente el tema de la Inmaculada Concepción de la bendita madre de Cristo, antes por el contrario, afirma que si decimos que entre nosotros hay alguien sin pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros (1Jn 1:Cool. Solamente de Cristo se dice que no conoció pecado" (2Cor 5:21; Hb 4:15; 1 Pe 2:22).

Es verdad que las primeras generaciones de cristianos llamaron a María inmaculada, pulcra, purísima, castísima, incorrupta, sin mancha y santísima. Pero el sentido de estas afirmaciones se aleja en gran medida de lo que ahora se entiende por el tema de su inmaculada . Por ejemplo, Gregorio de Nisa, nos informa que en la manera común de expresarse a una mujer que no conociera varón se le llamaba «incorrupta», de ahí que con razón la benditisima madre del Señor muchas veces fuera designada de estas maneras. Incorrupta simplemente aludía a una doncella sin marido pero nada relacionado ni sugestivo de una presunta inmunidad al pecado de Adán. (Gregorio De Nysa. On The Birth Of Christ. Citado Por Gambero, P.155). Lo mismo demuestra GARCíA PAREDES en su libro de Mariología y aún más claro porque dice que cuando los teólogos y poetas bizantinos utilizaban la palabra «inmaculada» y «santa» para referirse a la madre del redentor, no incluían exención del pecado de Adán (GARCIA, Mariología, P. 258).

Incluso en términos de la Biblia, podríamos llamarla de esa misma forma, inmaculada, pero solo porque Cristo ha lavado los pecados de ella. Como dijera el apóstol: ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de Él.

Maria Ex Adam Mortua Propter Peccatum, Adam Mortuus Propter Peccatum, Et Caro Domini Ex Maria Mortua Est Propter Delenda Peccata.


Por otro lado, es raro que aquel que algunos teólogos utilizan para demostrar que los primeros teólogos creyeron en la inmaculada concepción, Agustín de Hipona, dijera en cierto sermón: Para decirlo más brevemente, MARÍA QUIEN NACIÓ DE ADÁN MURIÓ A CAUSA DEL PECADO; Adán murió por el pecado y la carne del Señor, que fue de María, murió para quitar el pecado (St. Augustin e, Enarratio in Psalmo 34), este hombre tiene otras citas “antiinmaculistas” en el Opus imperfectun y en varios de sus sermones. Definitivamente, GAMBERO tiene razón cuando dice que parece que para Agustin, la bendita madre del Redentor estuvo libre de pecado personal, pero no del pecado original.
Este sermón creó una gran controversia en un foro en el que participó el Ing. José Miguel Arraiz, católico, porque decía que era un testimonio falso y una calumnia protestante contra la Iglesia católica. Por fortuna, parece que este señor ya reconoció el carácter genuino de estas palabras de Agustin, las cuales también se pueden encontrar en varios libros de la iglesia católica. Mariology: A Guide for Priests, Deacons, Seminarians, and Consecrated Persons, de Mark Miravalle, es un ejemplo. Y esto no debe ser extraño porque ni los apóstoles, ni los escritores eclesiásticos, ni los padres de la Iglesia, ni Agustin ni ninguna comunidad antes del s. IV creyó en la inmaculada concepción de María.

Otros escritores eclesiásticos, como Origenes por ejemplo, aun llamando a María «la santa virgen», pensaban que estaba llamada a crecer a través de la purificación interior, producida por la redención de Cristo; para Gregorio de Elvira, el cuerpo de María predispuso un cuerpo en semejanza de pecado para nuestro Redentor (Hom In Cant Canticorum. Citado Por Carol, P. 141). Por eso los cristianos durante los primeros trescientos años no se consideraron obligados a representar a la madre del Señor como totalmente exenta de toda mancha ni consideraban la presencia del pecado incompatible con su singular santidad.

Incluso SCHAFF P, historiador de la Iglesia demostró que ni los antiguos obispos de roma conocieron la cuestión de la inmaculada concepción. Según Schaff, para Leon I, Gregorio I e Inocencio III sólo Cristo estuvo libre de pecado original, y María obtuvo su purificación solo a través de la concepción de su Hijo, no desde su nacimiento. Las citas pertinentes se encuentran en Creeds Of Christendom, With A History And Critical Notes. Volume I. Destaco las palabras de Inocencio III, para quien, Eva fue creada sin pecado pero dio a luz al pecado; MARÍA FUE ENGENDRADA EN EL PECADO, PERO DIO A LUZ SIN PECADO.

El mariologo ROSCHINI G, ofrece varias citas de primitivos cristianos para quienes María no estuvo exenta de pecado original tal como lo enseña el catolicismo hoy día. La lista está disponibles bajo el tópico «Inmaculada» del diccionario mariano que lleva su nombre.
Si las pruebas de ROSCHINI se complementado con las de CAROL J, podemos darnos cuenta de que los llamados padres de la Iglesia negaron que María fuera inmaculada concepción. La lista es larga e incluye a Ambrosio de Milan, Optato de Mileve, Tertuliano, Basilio, Ambrosiastro, Crisóstomo, Hilario de Poittiers, Zenon de Verona e incluso Cirilo de Ajenadría para quien María fue extraordinariamente santa, pero con la necesidad de los efectos redentores de la cruz.

Me parecen muy precisas las palabras de Buenaventura (†1274) cuando, preocupado por la excesiva glorificación de María, dijera: Y en lo que respecta a la dignidad excelente de Cristo, Él es el Redentor y Salvador de todos, y él que abre la puerta a todos, y sólo Él murió por todos; la virgen María no se excluya de esta generalidad, no sea que al aumentar la excelencia de la madre, la gloria del Hijo se reduzca.
A Ireneo no se le puede remontar la idea de la Inmaculada. En general ellos poco escribieron sobre María y en su época y posterior, el único sin pecado era Jesucristo. Si la virgen María es la antítesis de la virgen Eva, no es posible concebirlas a ambas en estado libre de pecado, más bien como dijera el Papa Inocencio: Eva fue creada sin pecado pero dio a luz al pecado; María fue engendrada en el pecado, pero dio a luz sin pecado. Eso me parece más preciso.

María es totalmente santa en virtud de la gracia recibida por los méritos del Salvador. El murió para salvarla a ella también.
Que nuestro Señor bendiga este foro.

misp

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