¿Quién es la mujer del capítulo 12 de Apocalipsis?

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¿Quién es la mujer del capítulo 12 de Apocalipsis?

Mensaje  xortalius el Vie Jun 17, 2011 6:57 am


Hola a continuación les presento un artículo que escribí acerca de la mujer del capítulo 12 de Apocalipsis, lo he publicado en mi blog, en la siguiente dirección: http://xortalius.blogspot.com/2011/06/quien-es-la-mujer-del-capitulo-12-de.html


Si pueden leanlo y me dan sus comentarios, para así entablar un dialogo acerca de este pasaje del libro de Apocalipsis.

Espero sus comentarios.

Dios les bendiga Wink





xortalius

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Re: ¿Quién es la mujer del capítulo 12 de Apocalipsis?

Mensaje  Oscar Antezana el Miér Jun 29, 2011 10:14 am

Estimado Xortalius, me ha gustado tu blog y tienes razón, la mujer que menciona la visión de Juan es el Israel mesiánico y es Jesucristo el niño que esta mujer da a luz, así también lo enseña la iglesia. al menos he revisado las explicaciones en las Biblia Jerusalén y Latinoamérica (católicas ambas) .
Sin embargo, si hay una persona elegida entre Israel para que de a luz a este niño es nomás María. Esta mujer representa a Israel en primer lugar y a toda la humanidad. Esta mujer sólamente es María que le da la humanidad a Jesús de acuerdo al plan divino, por eso los artistas suelen representarla coronada, con la luna bajo sus pies y pisando la cabeza de la serpiente.
Es realmente hermosa esta visión.
Un abrazo en Cristo.
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Apocalipsis

Mensaje  Antonio Javier el Mar Nov 08, 2011 8:47 am

Apocalipsis, esto es, Revelación de Jesucristo, se llama este misterioso Libro, porque en él domina la idea de la segunda Venida de Cristo (cf. 1, 1 y 7; I Pedro 1, 7 y 13). Es el último de toda la Biblia y su lectura es objeto de una bienaventuranza especial y de ahí la gran veneración en que lo tuvo la Iglesia (cf. 1, 3 y nota), no menos que las tremendas conminaciones que él mismo fulmina contra quien se atreva a deformar la sagrada profecía agregando o quitando a sus propias palabras (cf. 22, 18).

Su autor es Juan, siervo de Dios (1, 2) y desterrado por causa del Evangelio a la isla de Patmos (1, 9). No existe hoy duda alguna de que este Juan es el mismo que nos dejó también el Cuarto Evangelio y las tres Cartas que en el Canon llevan su nombre. "La antigua tradición cristiana (Papías, Justino, Ireneo, Teófilo, Cipriano, Tertuliano, Hipólito, Clemente Alejandrino, Orígenes, etc.) reconoce por autor del Apocalipsis al Apóstol San Juan" (Schuster-Holzammer).

Vigouroux, al refutar a la crítica racionalista, hace notar cómo este reconocimiento del Apocalipsis como obra del discípulo amado fue unánime hasta la mitad del siglo III, y sólo entonces "empezó a hacerse sospechoso" el divino Libro a causa de los escritos de su primer opositor Dionisio de Alejandría, que dedicó todo el capítulo 25 de su obra contra Nepos a sostener su opinión de que el Apocalipsis no era de S. Juan "alegando las diferencias de estilo que señalaba con su sutileza de alejandrino entre los Evangelios y Epístolas por una parte y el Apocalipsis por la otra". Por entonces "la opinión de Dionisio era tan contraria a la creencia general que no pudo tomar pie ni aún en la Iglesia de Alejandría, y S. Atanasio, en 367, señala la necesidad de incluir entre los Libros santos al Apocalipsis, añadiendo que "allí están las fuentes de la salvación". Pero la influencia de aquella opinión, apoyada y difundida por el historiador Eusebio, fue grande en lo sucesivo y a ella se debe el que autores de la importancia de Teodoreto, S. Cirilo de Jerusalén y S. Juan Crisóstomo en todas sus obras no hayan tomado en cuenta ni una sola vez el Apocalipsis (véase en la nota a 1, 3 la queja del 4o. Concilio de Toledo). La debilidad de esa posición de Dionisio Alejandrino la señala el mismo autor citado mostrando no sólo la "flaca" obra exegética de aquél, que cayó en el alegorismo de Orígenes después de haberlo combatido, sino también que, cuando el cisma de Novaciano abusó de la Epístola a los Hebreos, los obispos de Africa adoptaron igualmente como solución el rechazar la autenticidad de todo ese Libro y Dionisio estaba entre ellos (cf. Introducción a las Epístolas de S. Juan). "S. Epifanio, dice el P. Durand, había de llamarlos sarcásticamente (a esos impugnadores) los Alogos, para expresar, en una sola palabra, que rechazaban el Logos (razón divina) ellos que estaban privados de razón humana (a-logos)". Añade el mismo autor que el santo les reprochó también haber atribuido el cuarto Evangelio al hereje Cerinto (como habían hecho con el Apocalipsis), y que más tarde su maniobra fue repetida por el presbítero romano Cayo, "pero el ataque fue pronto rechazado con ventaja por otro presbítero romano mucho más competente, el célebre S. Hipólito mártir".

S. Juan escribió el Apocalipsis en Patmos, una de las islas del mar Egeo que forman parte del Dodecaneso, durante el destierro que sufrió bajo el emperador Domiciano, probablemente hacia el año 96. Las destinatarias fueron "las siete Iglesias de Asia" (Menor), cuyos nombres se mencionan en 1, 11 (cf. nota) y cuya existencia, dice Gelin, podría explicarse por la irradiación de los judíos cristianos de Pentecostés (Hech. 2, 9), así como Pablo halló en Éfeso algunos discípulos del Bautista (Hech. 19, 2).

El objeto de este Libro, el único profético del Nuevo Testamento, es consolar a los cristianos en las continuas persecuciones que los amenazaban, despertar en ellos "la bienaventurada esperanza" (Tito 2, 13) y a la vez preservarlos de las doctrinas falsas de varios herejes que se habían introducido en el rebaño de Cristo. En segundo lugar el Apocalipsis tiende a presentar un cuadro de las espantosas catástrofes y luchas que han de conmover al mundo antes del triunfo de Cristo en su Parusía y la derrota definitiva de sus enemigos, que el Padre le pondrá por escabel de sus pies (Hebr. 10, 13). Ello no impide que, como en los vaticinios del Antiguo Testamento y aún en los de Jesús (cf. p. ej. Mt. 24 y paralelos), el profeta pueda haber pensado también en acontecimientos contemporáneos suyos y los tome como figuras de lo que ha de venir, si bien nos parece inaceptable la tendencia a ver en estos anuncios, cuya inspiración sobrenatural y alcance profético reconoce la Iglesia, una simple expresión de los anhelos de una lejana época histórica o un eco del odio contra el imperio romano que pudiera haber expresado la literatura apocalíptica judía posterior a la caída de Jerusalén. A este respecto la reciente Biblia de Pirot, en su introducción al Apocalipsis, nos previene acertadamente que "autores católicos lo han presentado como la obra de un genio contrariado... a quien circunstancias exteriores han obligado a librar a la publicidad por decirlo así su borrador" y que en Patmos faltaba a Juan "un secretario cuyo cálamo hubiese corregido las principales incorrecciones que salían de la boca del maestro que dictaba". ¿No es esto poner aun más a prueba la fe de los creyentes sinceros ante visiones de suyo oscuras y misteriosas por voluntad de Dios y que han sido además objeto de interpretaciones tan diversas, históricas y escatológicas, literales y alegóricas pero cuya lectura es una bienaventuranza (1, 3) y cuyo sentido, no cerrado en lo principal (10, 3 y nota), se aclarará del todo cuando lo quiera el Dios que revela a los pequeños lo que oculta a los sabios? (Lc. 10, 21). Para el alma "cuya fe es también esperanza" (I Pedro 1, 19), tales dificultades, lejos de ser un motivo de desaliento en el estudio de las profecías bíblicas, muestran al contrario que, como dice Pío XII, deben redoblarse tanto más los esfuerzos cuanto más intrincadas aparezcan las cuestiones y especialmente en tiempos como los actuales, que los Sumos Pontífices han comparado tantas veces con los anuncios apocalípticos (cf. 3, 15 s. y nota) y en que las almas, necesitadas más que nunca de la Palabra de Dios (cf. Am. 8, 11 y nota), sienten el ansia del misterio y buscan como por instinto refugiarse en los consuelos espirituales de las profecías divinas (cf. Ecli. 39, 1 y nota), a falta de las cuales están expuestas a caer en las fáciles seducciones del espiritismo, de las sectas, la teosofía y toda clase de magia y ocultismo diabólico. "Si no le creemos a Dios, dice S. Ambrosio, ¿a quién le creemos?".

Tres son los sistemas principales para interpretar el Apocalipsis. El primero lo toma como historia contemporánea del autor, expuesta con colores apocalípticos. Esta interpretación quitaría a los anuncios de S. Juan toda su trascendencia profética y en consecuencia su valor espiritual para el creyente. La segunda teoría, llamada de recapitulación, busca en el libro de S. Juan las diversas fases de la historia eclesiástica, pasadas y futuras, o por lo menos de la historia primera de la Iglesia hasta los siglos IV y V, sin excluir el final de los tiempos. La tercera interpretación ve en el Apocalipsis exclusivamente un libro profético escatológico, como lo hicieron sus primeros comentadores e intérpretes, es decir S. Ireneo, S. Hipólito, S. Victorino, S. Gregorio Magno y, entre los posteriores modernos, Ribera, Cornelio a Lápide, Fillion, etc. Este concepto, que no excluye, como antes dijimos, la posibilidad de las alusiones y referencias a los acontecimientos históricos de los primeros tiempos de la Iglesia, se ha impuesto hoy sobre los demás, como que, al decir de Sickenberger, la profecía que Jesús revela a S. Juan "es una explanación de los conceptos principales del discurso escatológico de Jesús, llamado el pequeño Apocalipsis".

Debemos además tener presente que este sagrado vaticinio significa también una exhortación a estar firmes en la fe y gozosos en la esperanza, aspirando a los misterios de la felicidad prometida para las Bodas del Cordero. Sobre ellos dice S. Jerónimo: "el Apocalipsis de S. Juan contiene tantos misterios como palabras; y digo poco con esto, pues ningún elogio puede alcanzar el valor de este Libro, donde cada palabra de por sí abarca muchos sentidos". En cuanto a la importancia del estudio de tan alta y definitiva profecía, nos convence ella misma al decirnos, tanto en su prólogo como en su epílogo, que hemos de conservar las cosas escritas en ella porque "el momento está cerca (1, 3; 22, 7). Cf. I Tes. 5, 20; Hebr. 10, 37 y notas. "No sea que volviendo de improviso os halle dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad! (Marc. 13, 36 s.). A "esta vela que espera y a esta esperanza que vela" se ha atribuido la riqueza de la vida sobrenatural de la primitiva cristiandad (cf. Sant. 5, 7 y nota).

En los 404 versículos del Apocalipsis se encuentran 518 citas del Antiguo Testamento, de las cuales 88 tomadas de Daniel. Ello muestra sobradamente que en la misma Biblia es donde han de buscarse luces para la interpretación de esta divina profecía, y no es fácil entender cómo en visiones que S. Juan recibió transportado al cielo (4, 1 s.) pueda suponerse que nos haya ya dejado, en los 24 ancianos, "una transposición angélica de las 24 divinidades babilónicas de las constelaciones que presidían a las épocas del año", ni cómo, en las langostas de la 5a. trompeta, podría estar presente "la imaginería de los centauros", etc. Confesamos que, estimando sin restricciones la labor científica y crítica en todo cuanto pueda allegar elementos de interpretación al servicio de la Palabra divina, no entendemos cómo la respetuosa veneración que se le debe pueda ser compatible con los juicios que atribuyen al autor incoherencias, exageraciones, artificios y fallas de estilo y de método, como si la inspiración no le hubiese asistido también en la redacción, si es verdad que, como lo declara el Concilio Vaticano, confirmando el de Trento, la Biblia toda debe atribuirse a Dios como primer autor.

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Re: ¿Quién es la mujer del capítulo 12 de Apocalipsis?

Mensaje  uruapense7 el Jue Nov 17, 2011 6:01 am

María en el
Apocalipsis


“Una gran señal apareció en el cielo:
una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus
pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza,
y estaba en cinta y gritaba en su angustia y
dolores de parto”.

¿Cuál es el contexto?

Sabemos que el Apocalipsis
no en un libro fácil de leer. Recordemos que se
escribió alrededor del año 95, cuando la Iglesia afrontaba una
dura situación. La sangrienta persecución romana pone a prueba su
fe y su entrega.

San Juan se dirige a la comunidad
cristiana para esclarecerle el sentido de los sucesos y animarla
en la tribulación. En la persecución está obrando el poder
del demonio, quien odia a Cristo y a los cristianos,
aquellos que perseveran hasta el final participarán en el
triunfo de Cristo. Tal es el mensaje primero e inmediato
del libro del Apocalipsis. Pero los acontecimientos de su tiempo
sirven a san Juan para ampliar la interpretación de la
historia universal: el acontecer de todos los tiempos es una
lucha permanente entre el poder de Dios y las fuerzas
demoníacas. Esta lucha se resuelve con la victoria incuestionable de
Dios, en virtud de la muerte de Cristo.

Hagamos ahora el
análisis de este capítulo 12 del Apocalipsis.

Esta visión puede
dividirse en tres partes.

<li> La presentación de los personajes simbólicos:
la mujer y la serpiente (1-4)
</li><li> La persecución del dragón
al Hijo varón de esa mujer, y la victoria de
éste (4-12)
</li><li> La persecución contra la mujer y el resto
de sus hijos (v. 13-17)

¿Quién esa mujer vestida de sol
con la luna bajo sus pies?

La mujer está vestida de
luz, símbolo de benevolencia de Dios y de la participación
en su vida. Sobre su cabeza tiene “una corona de
doce estrellas”, imagen igualmente luminosa como las anteriores que simbolizan
a las doce tribus de Israel.

Aparece una segunda señal, el
otro personaje: “Una gran serpiente roja, con siete cabezas y
diez cuernos”.


¿Quién es está serpiente?

Se trata de la serpiente antigua,
clara alusión a la imagen del demonio en el paraíso.
Se le llama Diablo y Satanás, el seductor del mundo
eterno.

Las siete cabezas evocan a Roma, ciudad de las siete
colonias. Los diez cuernos y las siete diademas son el
poder real del imperio.

Esta señal expresa que el demonio utiliza
el poder del imperio Romano en su intento de aniquilar
al Hijo de la mujer y a sus seguidores, los
cristianos.

La cola que arrastra la tercera parte de las estrellas
alude a la caída de los ángeles malos, arrastrados por
Satanás.


¿Quién es esta mujer?

La mujer es susceptible de varias significaciones
simultáneas, autorizadas por el pensar simbólico y representativo propio de
San Juan.

</li><li> En una primera significación, es el Pueblo
de Dios. Simboliza a Israel, pueblo escogido del cual proviene
el Mesías - y al nuevo Pueblo - la Iglesia
-, sometida a la persecución y a las insidias del
demonio.

</li><li> En una segunda significación, es María Santísima. Ambas
significaciones - eclesial y mariana - se complementan y
enriquecen mutuamente, porque Juan contempla a la Iglesia con los
rasgos de María, y a María insertada en el misterio
de la Iglesia.

</li><li> Esa mujer dio a luz, ¿a
quién? A un Hijo Varón, Cristo, que ha de regir
a todas las naciones con cetro de hierro (v.5).

</li><li> Pero
también se puede interpretar ese Hijo como a los cristianos:
dio a luz a los cristianos, pues la profunda unidad
entre Cristo y los cristianos es mensaje permanente en los
escritos de Juan.

La lucha entre la Mujer y la serpiente
es fuerte. La serpiente pretende devorar al Hijo, pero este
“fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono,” alusión inequívoca
a la exaltación de Jesús por su elevación en la
cruz, donde derrota al demonio, y por su Ascensión a
los cielos. La mujer huye entonces al desierto, lugar
preparado por Dios para su protección y refugio. Allí se
la alimenta - alusión al maná y a la Eucaristía-
durante 1260 días, tiempo alegórico que tipifica la duración de
una persecución larga, pero a la vez limitada por la
voluntas divina.


¿Qué rasgo de María sobresale en este texto
del Apocalipsis?

María vencedora del mal, la que pisa la cabeza
de Satanás, la inmaculada, la sin pecado. Y como María
es madre de la Iglesia, la Iglesia también triunfará en
esta terrible lucha que durará desde la Pascua hasta la
Parusía o Segunda Venida de Cristo.

Aunque ya se
libró en el Calvario la batalla definitiva, las potencias del
mal continúan ofreciendo resistencia. El demonio sabe que le queda
poco tiempo y ya fue derrotado irremediablemente por Cristo, pero
busca vengarse y causar daños a los seguidores de Cristo
y apartarlos de Cristo y de la Iglesia.

Pero no
tengamos miedo, María está a nuestro lado, ella, la vencedora.
Y con ella vencemos nosotros, vence la Iglesia. El demonio
no puede contra María ni contra la Iglesia, que goza
de la protección y del alimento de Cristo victorioso. Dios
es el vencedor.

Por eso el cristiano aun en medio
de las persecuciones- está llamado a vivir alegre en la
esperanza y seguro de la victoria. María está presente en
la lucha a nuestro favor. Enemiga perpetua del poder de
las tinieblas, participa en las tribulaciones de sus hijos -
de nosotros - y es para nosotros señal de victoria.


La mujer del Apocalipsis es la misma del Calvario y
del Paraíso, testimonio de la presencia de María en las
entregas decisivas de la historia de la salvación. Y así
termina el versículo 12, de este capítulo 12: “Por tanto,
regocijaos, oh Cielos y los que en ella moráis”...

</li>P. Antonio Rivero LC
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Re: ¿Quién es la mujer del capítulo 12 de Apocalipsis?

Mensaje  Antonio Javier el Vie Nov 18, 2011 4:13 am

Apocalipsis 12:1 comienza con la visión que tiene Juan de una madre simbólica que aparece en el cielo "vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas". Está encinta y ansiosa de dar a luz (vers. 2), y Satanás está presente en forma de dragón listo para "devorar a su hijo tan pronto como naciese" (vers. 4). Milagrosamente, el niño escapa y es "arrebatado para Dios y para su trono" (vers. 5).

Si se trata de interpretar estas Escrituras literalmente, conjeturando que la mujer es la Virgen María, inmediatamente surgen muchas preguntas. Los que aceptan esta interpretación razonan de esta manera: "Después de todo, ¿no fue la Virgen María la que dio a luz al Niño Jesús, y no fue su Hijo el objeto primordial de la saña del diablo? Por lo tanto, ¡la 'mujer' tiene que ser María!" A manera de respuesta, notemos lo siguiente: En primer lugar, Juan vio "una gran señal" en el cielo e inmediatamente la reconoció como algo de gran importancia para el mundo. Aunque él conocía muy de cerca a María, jamás declaró: "¡He aquí veo la figura glorificada de la madre de mi Señor en el cielo"! En segundo lugar, ¿se ha oído alguna vez de una mujer "con la luna debajo de sus pies", o "vestida del sol?" En tercer lugar, ¿se ha visto alguna vez un dragón y, para colmos, uno que tenga "siete cabezas"? Por lo tanto, estas palabras han de tener una aplicación simbólica a eventos literales. ¿Y acaso no es esto lo que esperaríamos descubrir dado que "la revelación de Jesucristo" es algo que Dios le dio y "la declaró enviándola [a través de señales, o símbolos] por medio de su ángel a su siervo Juan..."? (Ap. 1:1). ¿Y no era esta una manera excelente de revelar información confidencial a sus fieles seguidores que vivían bajo un gobierno totalitario y que para el lector ocioso y desinteresado no resultaba ser más que una jerga de palabras e imágenes? ¡Cuán sabio es, y cómo cuida de su pueblo el Dios de las Sagradas Escrituras!

En el antepenúltimo párrafo expresé que una mujer, cuando aparece representada por una ramera, se entiende que es un pueblo o una iglesia apóstata. Pero, además de esto, la palabra todavía tiene otro significado cuando se usa simbólicamente. Así como una ramera puede simbolizar una iglesia impura, la figura de una virgen puede emplearse como representación de una iglesia pura. Esto está ejemplificado en las siguientes dos citas de las Escrituras: "A mujer hermosa y delicada comparé a la hija de Sión" (Jeremías 6:2), y "Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo" ( 2 Corintios 11:2). Así que, ¿será posible que la "mujer" de Apocalipsis 12 represente a la "la verdadera iglesia" y no a la Virgen María? Además, su vestimenta es el "sol", tiene la "luna" debajo de sus pies, y luce una corona de "doce estrellas". ¿Cuál es el significado de "la mujer" vestida de "sol"? Cierto día, muy temprano de mañana, Jesús se hallaba ministrando en el templo de Jerusalén cuando señaló el sol que se levantaba en todo su esplendor sobre el Monte de los Olivos y a propósito pronunció las siguientes palabras: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Juan 8:12). Malaquías, el último de los profetas del Antiguo Testamento, describió al Prometido como "el Sol de justicia". (Mal. 4:2). Cuando estaba en visión en la Isla de Patmos durante la última década del primer siglo de nuestra era, Juan vio "una mujer vestida del sol" - o sea, ¡vestida de la gloriosa luz del "Sol de Justicia"! Claramente, este evento trascendental se aplica al nacimiento del Dios-Hombre, el Mesías. ¡La noticia más importante de todos los siglos es que el Libertador por largo tiempo prometido ha llegado! La mujer pulcra - por largo tiempo reconocida por el ahora envejecido Juan como una representación de los fieles seguidores de Dios tanto en los tiempos del Antiguo Testamento como los del Nuevo - ¡ahora por fin aparece iluminada por el brillante resplandor de su inmediata Presencia!

Además, ella aparece con la "luna debajo de sus pies". La dispensación mosaica (la del Antiguo Testamento) acababa de terminar y había sido reemplazada por la dispensación evangélica. Así como la luz menor de la luna viene del sol, de la misma manera el sistema de sacrificios, con su sacerdocio levítico, fiestas, etc., había reflejado una gloria menor que provenía de tipos y sombras. Frente a la plena gloria espiritual de la era evangélica, todo ello se ha convertido en antitipo y sustancia. La "mujer" lleva "una corona de doce estrellas" que representa a los doce apóstoles. "Por anticipación, se nos presenta a la iglesia plenamente organizada, con sus doce apóstoles, antes que aparezca en el escenario el hijo varón, Cristo. Había de quedar así constituida inmediatamente después que Cristo comenzase su ministerio; y él está más definidamente relacionado con esta iglesia que con la época anterior" (Las Profecías de Daniel y el Apocalipsis, t. 2, p. 191). Para Juan, con su perspectiva de la conclusión de la Era Apostólica y el comienzo de la otra descrita en su visión de Apocalipsis 12 que apenas entraba en sus primeras etapas, dicha anticipación parecería tanto lógica como apropiada. Y lo es para nosotros también hoy día. Después de todo, los eventos del nacimiento de Cristo y de su corta vida aquí en la tierra, descritos en la visión de Juan, tuvieron tanto impacto sobre el desarrollo de la historia de nuestro mundo que hoy día universalmente se designan los años como antes y después de Cristo (en español, esto se abrevia con las iniciales a.C. y d.C.). De toda esta información dilucidada hasta el momento, se desprende el hecho de que "su hijo", Jesucristo, nació para beneficio de la iglesia verdadera. Él fue un don del cielo para los fieles seguidores de Dios en general, inclusive María, quien formaba una pequeña pero importante parte de la "mujer" descrita en la visión de Juan.

¿Y quién fue el que le ocasionó sufrimiento y tentación al maravilloso niño Jesús? "También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata...se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz..." (Ap. 12:3, 4). En el versículo 9, nos enteramos que el dragón es "la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero" y que en un tiempo procuró destruir al niño Jesús. ¡Se trata de símbolos! En la visión, el dragón es visto en el cielo - sin embargo, Jesús, como es bien sabido, nació en la tierra. Entonces, ¿qué representa en la tierra el símbolo del dragón? Todos los que han oído la historia de la Navidad saben que fue el Rey Herodes quien envió soldados a Belén para destruir a todos los niños varones, esperando matar entre ellos a Jesús. Los soldados de Herodes no encontraron al niño Jesús porque Dios por medio de un sueño les había avisado a sus padres que escaparan. El rey Herodes era un títere de los romanos. Todo el mundo conoce también a Poncio Pilato - otro administrador romano - que entregó a Jesús para ser crucificado. Fue Roma la que intentó destruir a Jesús. El gran dragón escarlata representa primeramente a Satanás - y en segundo lugar a su agente Roma, que actúa de parte de Satanás.

"Triunfantemente, después que Satanás y Roma mataron a nuestro Salvador, Jesús se levantó de los muertos y 'fue arrebatado para Dios, y para su trono' (Apocalipsis 12:5), donde 'vive siempre' como Sumo Sacerdote 'para interceder por ellos' (Hebreos 7:25, 26).

"Frustrado en su intento de dar muerte al Hijo, el gran dragón escarlata dirige ahora su odio contra la madre del Hijo. Pero la mujer huyó al 'desierto', donde 'tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días'" [Ap. 12:6] (Dios Revela el Futuro, t. 2, p. 321). Como veremos más adelante, la experiencia de "la mujer" [desde la ascensión de Cristo al trono de su Padre hasta que el "resto de su simiente" aparezca y termine la obra de Dios en la tierra poco antes de cerrar el tiempo de gracia en los últimos días] cuadra mejor con la historia de la iglesia que con la Virgen María.




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